La mecánica de la difamación

La mecánica de la difamación

Hola,

Me escribiste preguntando por el escopetazo de salva que ha sido publicado aquí https://zapateando.wordpress.com/2017/06/13/el-desprecio-racista-de-los-sabios/, y que lleva una dedicatoria sin nombre. Bueno, intentaré hacer esto de la manera más abreviada posible para poder brindarte algunos elementos que te ayuden a formar tu propia opinión.

Sería hipócrita tontear respecto a quién se refieren en ese escrito, y a qué escritos se refieren. El que firma, Sergio Rodríguez Lascano, y el que dicta, Subcomandante Insurgente Galeano, han cumplido su amenaza de difamarme entre el círculo de conocidos de esta falsa pugna. Así es, se refieren a mí, y se refieren a escritos míos que omiten citar.

Me comentabas que cómo era posible que tan solo hace unas semanas ellos mismos se dirigían a los editores de Rebelion.org para reclamarles que no publicaran los textos del EZLN que motivaban una supuesta “crítica” de Guillermo Almeyra http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222413, ya que sólo así se hacía posible dejar al lector en posibilidad de juzgar por sí mismo la veracidad de la “crítica”. Qué vueltas da la vida, ahora ellos recurren a una estratagema todavía más baja que la que han reclamado a Rebelión y a Almeyra. El fin justifica los medios, podrían agregar con cinismo.

Sí, el texto está escrito, como es notoriamente visible, con una rabia desmedida, con un rencor exacerbado. No es para menos, no pequemos de inocentes: decir que no estás de acuerdo con algo de lo que manifiestan o hacen los insurgentes, y demostrar que te asiste la razón, te va a acarrear muchas malas voluntades.

Vamos a omitir la larga perorata sobre las autoridades morales, históricas, revolucionarias, y hasta el ad-hominem de llamarme “comentador”, a pesar que es de conocimiento de ellos que mi trabajo no es individual, sino colectivo, y que no es político, sino educativo. No soy “comentador”, sino como tú sabes, profesor. Dejemos esos adjetivos son irrelevantes para lo que nos ocupa, que en este caso es comprender cómo funciona la mecánica de la difamación, cuando viene de “abajo y a la izquierda”. Es decir, no comentar sobre sus insultos, sino ejercitar la mente y aprender cómo analizar un discurso de este tipo.

Ya antes hemos platicado sobre el significado de la crítica, su valor, su alcance, que sólo es el primer paso de la transformación social, porque crítica sin acción, es palabra que se la lleva el viento, y que estudiando historia podemos concluir positivamente que las transformaciones sociales se hacen en colectivo, por lo que la crítica que se siembre y crezca en un núcleo activo de personas interesadas en el cambio social, es la única que tiene posibilidad de rendir frutos.

También hemos comentado que la crítica es frecuentemente percibida como una agresión, un ataque. Hemos estudiado que hay dos buenos motivos para ello. El primero es que, gracias a la neurociencia, ahora sabemos que la parte de nuestro cerebro que reacciona ante nuevas ideas, es la misma que la que reacciona ante agresiones físicas. Somos mamíferos primates cuyo cerebro toma una crítica, una negación, una nueva idea, del mismo modo en que recibe un puñetazo, respondemos agresivamente, estamos programados evolutivamente para hacer eso. El otro punto, si bien recuerdas, obedece a la correspondencia de las concepciones de los sujetos formados educativamente bajo los mandatos de incertidumbre epistemológica del posmodernismo, confunden el valor de la dignidad personal, con el valor epistemológico de sus ideas. Dicho de forma breve, que el respeto a la persona es el respeto a sus ideas, y que ese respeto significa el reconocimiento de valor de verdad.

Recordarás que hemos visto esto de manera más evidente en la apología religiosa que desde la izquierda reaccionaria norteamericana y europea, se hace al deliberadamente difuminar las diferencias entre los conceptos musulmán e islam, y entre los conceptos de religión y raza. Esto de tal suerte que la crítica a la ideología religiosa del islam resulta ser una forma de racismo, una discriminación a una raza, fabricando de este modo una prohibición de criticar esa ideología bajo pena de ser llamado racista.

En estos momentos tu mente ya está atando cabos, como es debido, y puedes visualizar cómo es que en este escrito se me ha llamado racista. He escrito críticas a cosas manifestadas, entre muchos otros, por el Subcomandante Moisés, se ha establecido la equivalencia entre sus ideas y su persona, así que mi crítica que no reconoce la validez de ciertas afirmaciones, se ha transformado en un desconocimiento de su dignidad personal, reconfigurando mis palabras a “racismo”. Te ha llamado la atención la indignación con la que se denuncian “ataques racistas” contra el Sup Moi, como si se tratara de una avalancha de difamaciones e insultos por su condición de integrante de un pueblo originario. Esta tergiversación sucia sirve de gasolina para el linchamiento, es realizada con un gran desprecio hacia los lectores, esperando en ellos una reacción animalesca, visceral de apoyo, por eso no han citado mis textos, para evitar que la gente se refrene y se ponga a pensar si realmente se trata de “ataques racistas” o si son simples cuestionamientos sobre estrictamente dos asuntos que vuelvo a mencionar aquí.

El primero de mis cuestionamientos se refiere a aquél discurso en el que menciona “qué es por lo que va el CNI con su propuesta”. El Sup Moi presentó una lista, la cual incluía algunos elementos que han causado ruido a más de uno, y que ya analizamos anteriormente: salario justo, trabajo digno, respeto al pequeño y mediano comercio, y respeto al comercio ambulante. Quienes escuchamos ese discurso, hemos hecho un esfuerzo por tomar sus palabras de la manera más integra. El Sup Moi no dijo que eso es su idea, sino que eso es por lo que va el CNI con la movilización a la que estaban convocando, por lo que no es él el objetivo de la crítica, sino realmente el CNI. Lo que hemos establecido es que “eso por lo que va el CNI”, no es anticapitalista. La existencia de salario, trabajo y comercio, implica necesariamente la subsistencia de relaciones de producción capitalista de dominación, competencia y explotación. Ahora, ¿qué hay de eso que hemos mencionado, a decir que lo que yo he hecho es atacar al Sup Moi diciendo que él no es anticapitalista? De hecho ¿qué tendría de “racista” la idea, incorrecta como bien sabemos, de llegar a decir que las ideas del Sup Moi no son anticapitalistas?

Bueno, en efecto, como puedes ver, hay una gigantesca y perversa tergiversación. Lo que sí se ha dicho es que, si el CNI va por eso realmente, entonces la movilización no es anticapitalista. Pero también se ha agregado, que gracias a la participación colectiva de muchas personas, de muchas organizaciones, aun cuando nuestras sospechas de ese falso anticapitalismo de esa movilización convocada por el CNI sean acertadas, no todo está perdido porque la historia, por ejemplo, del EZLN, es la de la reorientación de rumbos porque están interesados en la justicia y no en montarse en un capricho, y que ese vaivén de relaciones colectivas son la garantía de que, si no es anticapitalista la movilización, eso es solo temporal. Esto es lo que ya he explicado en los textos que dolosamente los difamadores han omitido citar, mi escritura es sencilla y no da margen a confusiones.

El otro punto de la crítica no está directamente relacionado con eso. En algún otro momento el Sup Moi hizo un símil entre las formas de organización de la explotación de la servidumbre agraria en el s.XIX con los titulares de los poderes políticos del sistema de representación del Estado en el s.XX. Valga pues, eso de que los políticos son los caporales de hoy en día. Tuve el atrevimiento de hacer ver que el símil era poco afortunado, que de un lado se tiene la cadena de mando de capataces en una plantación del periodo de acumulación pre-capitalista, y del otro lado tenemos a la cúspide parasitaria del sistema de representación democrática de un Estado liberal del s.XX. El objetivo didáctico es obvio, una comparación es el establecimiento de semejanzas y diferencias, podemos hacer un “check list” para este caso y darnos cuentas que no hay muchas similitudes si atendemos a la justa naturaleza de cada lado de la comparación. ¿De qué modo este ejercicio se traduce en un “ataque racista”? Como puedes ver, se requiere eliminar las palabras originales, y dejar arengas para defender a un hombre apreciado por la comunidad de “ataques” sin especificar.

Como puedes observar, los infames ataques racistas consisten en solo dos anotaciones breves de alcance conceptual muy bien delimitado, uno que no es sobre ideas del Sup Moi sino sobre objetivos de una movilización del CNI, y el otro es sobre la pertinencia y validez de una comparación que hizo el Sup Moi. Debemos reconocer a los difamadores que han hecho un buen trabajo: borran la crítica original, no la citan, hacen referencia superficial a ella y no la analizan honradamente por sus propios méritos, sino que aplican adjetivos incendiarios para provocar una reacción emotiva y no racional en los lectores. Tienes razón, es la misma mecánica bajo la que funcionan los linchamientos.

El resto del escrito difamatorio es un muy mal formado intento por defender algo que no se ha “atacado”. Los torpes difamadores que fabricaron la tergiversación, se olvidaron de que ellos la inventaron, se la han creído, y ahora creen que deben explicar que el EZLN, que el zapatismo sí es anticapitalista, como si yo hubiese dicho lo contrario. Examinemos eso.

El que firma y el que dicta tienen el delirio de que yo he afirmado que ellos no saben marxismo, que el movimiento zapatista no es anticapitalista, y que les he colocado enfrente a un estudioso de la teoría crítica del valor llamado Robert Kurz, con todo y órdenes de que lo deben obedecer o algo así. Han ocupado grandes fragmentos de texto para atestiguar que ya antes han explicado en qué consiste lo anticapitalista de su movilización, y realmente me parece algo ocioso.

No sólo nunca he afirmado que el zapatismo no es anticapitalista, eso sería falso. He explicado en muchas ocasiones que, después de escuchar la explicación del Sup Moi (durante las sesiones del último curso de la Escuelita Zapatista) sobre cómo se organiza la vida productiva en las comunidades zapatistas, me di cuenta que la profundidad del anticapitalismo no solo radicaba en la superación de la socialización de los medios de producción, reflejada en la cuestión de que la dirección de la producción no la debía hacer la vanguardia burocrática y eventualmente corrupta del Partido, sino los involucrados directos en los procesos productivos.

Afirmo que, gracias a estudiar la obra de Robert Kurz, podía observar algo más: que los rebeldes habían superado la ontología del trabajo y abolido la mercancía, que habían logrado lo que ninguna experiencia de socialismo realmente existente había conseguido en los últimos cien años: superar a la sociedad productora de mercancías y que habían creado algo que puede ser concebido como una “capa de abstracción de interacciones entre dos modos de producción diferentes”, una “aduana” que sirve de filtro entre el núcleo liberado de la comunidad indígena y el mundo fetichista exterior, es decir, esa función de la Junta de Buen Gobierno que traslada el producto del interior, y lo transforma en mercancía en el exterior, creando un ficticio valor de cambio para ella, con fines de supervivencia.

También dije, que había un punto importante, que estaba plasmado en la propia Sexta Declaración de la Selva Lacandona: que falta lo que falta, porque los insurgentes reconocían que aun eso que han logrado no puede ser considerado como la última o más acabada forma de emancipación, sino hasta que toda la Humanidad esté liberada, no necesariamente del mismo modo que ellos, pero sí en la misma profundidad, es decir, que no se trataba de sostener una isla a flote, sino de cambiar el mundo entero.

Esto que he mencionado públicamente en muchas ocasiones ha sido ignorado y ocultado por los difamadores. ¿Qué efectos podría surtir la mentira si se exhibe la verdad con anticipación? La mecánica de la difamación obliga a despojar al sujeto difamado de identidad, ideas, acciones y relaciones sociales. Se crea un muñeco de paja que lleva una forma simple, falsa, odiosa, un objetivo fácil de refutar, y eso es lo que puedes apreciar con esplendor en ese escrito.

¿Hasta dónde puede infectar la mente del incitador de la mentira su pasión? Bueno, notarás que no solo han llamado “ganado” a mis amigos en redes sociales (quienes profesan el más honrado e inocente amor por el Sup Galeano y todos los zapatistas), sino que han enlodado la memoria del estudioso Robert Kurz, a quien han aplicado otra cadena de infamias: han dicho de él que es un sujeto que desprecia a las personas. Apoyados en otra tergiversación de algo que escribió Marx, sacado de contexto, han establecido que toda teoría tiene obligatoriamente que surgir de un movimiento social, o esa teoría es inútil y falsa. Eso no pasaría de ser la ridiculez más grande jamás pronunciada en contra del pensamiento crítico y científico, de no ser porque además ha sido extendida a la siguiente concatenación lógica, presta atención:

Si alguien hace teoría sin ser parte de un movimiento social, es porque detesta estar cerca de la gente, si detesta a la gente, es porque la desprecia, si los desprecia, es porque se trata de un mal ser humano.

El grado de infame absurdo en esa relación de malas ideas es pavoroso, se ha anulado la validez de la teoría de este estudioso, no después de haber hecho una contundente crítica negativa a sus postulados (que ni por accidente conocen, ya que solo han leído un par de breves artículos publicados en español), sino después de haberlo declarado una persona desagradable.

Qué lamentable ridículo han hecho el que firmó y el que dictó, exhibiéndose a sí mismos como difamadores iracundos de un simple educador, brutos que tienen en sus manos la gigantesca obra de uno de los más relevantes pensadores de nuestro tiempo y en lugar de examinar con sed insaciable de conocimiento su obra, publican infamias que deshonran su memoria, desde la cobarde expectativa de que su familia y seres queridos jamás se enteren de sus dichos. ¿Y todo para qué? Todo esto para sanar sus orgullos heridos por algo que yo jamás dije, que ellos mismos se inventaron y terminaron por creerse.

Nos hemos extendido demasiado en esta ocasión. Quizás la siguiente te pueda comentar cuál es realmente el motivo detrás de esta vergonzosa venganza, pero te puedo adelantar algo: todos los caminos de estas infamias pasan por la blasfemia.

Larga vida y prosperidad.
Pepe.

Previous La ascensión del dinero a los cielos - Segunda parte
Next La ascensión del dinero a los cielos - Tercera parte

About author

José Villaseñor Montfort
José Villaseñor Montfort 30 posts

José Villaseñor Montfort es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma Metropolitana, México.

View all posts by this author →

0 Comments

Aún no hay comentarios

Puedes ser el primero en comentar este post!