En el mundo del moderno sistema productor de mercancías la política es solo la continuación de la competencia económica por otros medios, como la guerra (de acuerdo con una frase de Clausewitz) es la continuación de la política por otros medios. Esta identidad armonizada entre competencia, política y guerra es la que implica la lucha por la hegemonía planetaria y escribe la historia del capitalismo.
La lucha inicialmente policéntrica por el dominio mundial capitalista fue, en primer lugar, puramente europea y tuvo sus raíces en la historia de la formación del modo de producción capitalista en la Europa occidental y central.
Sabido es que la historia de la modernización abunda en metáforas de la luz. El sol radiante de la razón ha de penetrar las tinieblas de la superstición y hacer visible el desorden del mundo, para organizar por fin la sociedad conforme a unos criterios racionales. Pero esa supuesta razón es en verdad el irracionalismo social de la “economía separada”. En este contexto, la “luz de la ilustración” no es en modo alguno un mero símbolo alojado en el reino del pensamiento, sino que posee un sólido significado socio-económico.
La izquierda, la guerra y la ontología capitalista Abril, 2003
Después de la guerra es como decir antes de la guerra, dado que el capitalismo significa, en su esencia, agresión, destrucción y autodestrucción. El fin de la guerra fría no trajo los Dividendos de la Paz (ya la expresión misma revela una ilusión en cuanto al carácter del terror económico), sino que marcó el punto de partida histórico de la barbarie global, de la decadencia social y de las brutales guerras de ordenamiento mundial llevadas a cabo por una policía mundial bajo la égida de la última potencia mundial, los EE.
“En tanto no consiga cuestionar los fundamentos del sistema, la izquierda seguirá desorientada, y si se aprovecha del ‘carro de la administración estatista de la crisis’ para proponer sus reformas sociales, descarrilará con él”
El filósofo alemán Robert Kurz (Nuremberg, 1943) falleció el pasado 18 de julio (2012) en la ciudad que le vio nacer. Kurz ha sido probablemente el último representante serio de la variante teórica del marxismo filosófico que la gran Rosa Luxemburgo, va ya para un siglo, y la señora Joan Robinson, va ya para medio siglo, calificaron con certera malignidad de “rococó hegeliano”.
La mezquindad infame cultivada por el propio capitalismo ha prohijado este tipo de discursos, no hay distinción entre clases sociales, ni entre opresores y oprimidos, nos hunde en el odio tribal nacionalista, —malditos gringos, malditos ingleses, malditos franceses, fueron los norteamericanos, fueron los franceses—. No hay solidaridad entre pueblos, no hay empatía, no hay dolor, no hay humanidad. Porqué habríamos de sentir lástima por «los franceses» si ellos han invadido, bombardeado o saqueado, nos preguntan maliciosamente los promotores del odio inhumano que no están tan lejanos de aquellos que gritan desde el culo del megáfono del fascismo «malditos judíos» o «malditos musulmanes».
En el camino de la crisis histórica del dinero Por Robert Kurz
El sistema, inherente al capital, de los desdoblamientos de la mercancía en valor y valor de uso, y del valor en mercancía y dinero, tiene que reproducirse necesariamente en la crisis y en su concepto. También la desvalorización del valor o la desubstanciación del capital es, por consiguiente, doble y se va abriendo camino tanto en el plano de la producción de mercancías (desvalorización del capital humano, del capital material y del capital mercancía), como en el plano del equivalente universal (desvalorización del medio de fin-en-si del dinero).
Los estados están cada vez más enredados en las contradicciones de la política monetaria. Ya no parece posible soportar temporalmente la crisis económica mundial con déficits presupuestarios sin precedentes sin que con ello se vea cercana una recuperación autosostenible. Ahora, los postulados de una política de disminución de la deuda y de las finanzas públicas amenazan con estrangular nuevamente la débil coyuntura económica. Los directivos del FMI coquetean con la “inflación controlada” postergando nuevamente para más adelante el problema de su control.
Durante mucho tiempo, en la ideología económica de Occidente, parecía que se enfrentaban dos campos contendientes: el mercado neoliberal o radical de EEUU, y el keynesiano o del Estado Social y de la política industrial de Europa, también llamada del “capitalismo renano”. Los ideólogos del mercado apostaban por una política de la oferta (reducción de costes a cualquier precio, en primer lugar el de los salarios), y los ideólogos del Estado apostaban por una política de la demanda (aumento del consumo a través de los gastos del sector público y de los aumentos salariales).
¿Cuál es la causa más profunda de las crisis económicas? Se dice con frecuencia que el valor producido no puede ser realizado por la falta del poder adquisitivo. Pero, ¿Por qué hay tan poco poder adquisitivo? Porque en realidad se produce muy poco valor y, por tanto, los salarios y los ajustados beneficios son demasiado reducidos. ¿Y, por qué se produce tan poco valor? Porque la competencia en el mercado mundial, a través del desarrollo tecnológico y de los programas de reducción de costos de la economía empresarial, hacen devenir innecesaria la fuerza de trabajo.
Naturalmente, la obstinada negativa a tomar posiciones frente al cambio insoslayable de paradigma crítico del valor de la crítica del capitalismo, adopta otras formas distintas a la nostalgia de lucha de clases como en MGHuisken. La mayor parte del marxismo tradicional ha preferido hace bastante despedirse silenciosamente de la crítica explícita de la economía política. No pocos aficcionados ideológicos intentan, como sustituto a la acción, guarnecer al marxismo del movimiento obrero superado con toda clase de constructos y puntales incompatibles, supuestamente «modernizados»: desde el razonamiento pop-cultural de la sociología de la cultura de un Bordieu hasta el «discurso» postestructuralista.