La guerra de ordenamiento mundial: Introducción

La guerra de ordenamiento mundial: Introducción

El siguiente texto texto sirve de introducción al libro Weltordnungskrieg. Das Ende der Souveränität und die Wandlungen des Imperialismus in Zeitalter der Globalisierung («La guerra de ordenamiento mundial. El fin de la soberanía y las metamorfosis del imperialismo en la era de la globalización»), 448 páginas, que acaba de publicar en Alemania la editorial Horlemann [info@horlemann-verlag.de].

La crisis del sistema mundial y el nuevo vacío conceptual

En la escasa medida en que haya aún, en una época en que el sistema vigente parece eximirse ya de cualquier tipo de legitimación, quien piense de un modo reflexivo, este mismo pensamiento pone de relieve un carácter extrañamente anacrónico. Esto no sólo se aplica al contenido correspondiente, sino también a las categorías en que dicho contenido se manifiesta. De la misma forma que existen crecientemente nuevos y chocantes contrastes sociales, los cuales, sin embargo, ya no son pasibles de ser explicados con el recurso a modelos sociológicos claros e inequívocos o a conceptos de clase, así pueden observarse nuevos conflictos económicos, conflictos culturales y guerras a escala global que tampoco pueden ser descritos con los conceptos tradicionales de las políticas económicas, interna y externa. Aunque el llamado debate de la globalización impulsado desde el comienzo de los años noventa (coincidiendo aproximadamente con el colapso de la Unión Soviética) tome en cuenta una serie de fenómenos nuevos, éstos continúan siendo filtrados por la vetusta criba categorial, al no haber a disposición ningún otro sistema de referencia conceptual. De esta manera, por un lado, se constata una pérdida de significación de la política y un desvanecimiento de la soberanía de los Estados, si bien se insiste, por otro, en expresar tales manifestaciones empíricas recurriendo a los conceptos tradicionales de la política y de las relaciones entre Estados.

Con ello se encuentra relacionado el hecho de que cualquier orientación, en la medida en la que ésta sea siquiera intentada, se incline casi irremediablemente hacia el pasado, especialmente como esperanza y búsqueda de concepciones que apunten a alguna «recuperación de la dimensión política»; y es justamente por eso que la forma de ver lo nuevo se revela fenomenológicamente limitada, en cuanto el ropaje conceptual es el de siempre, siendo defendido con uñas y dientes. Esto mismo se manifiesta, no en último lugar, en el nivel de las relaciones internacionales o entre Estados cuando, de un modo tan fanfarrón como inadecuado, se habla de una «política interna mundial». Esta frase hecha, especialmente de moda y repetida sin reflexión hasta el cansancio en círculos verdes y socialdemócratas, corrobora de la forma más inmediata que todo esto no va más allá de una proyección de viejos conceptos burgueses contra el telón de fondo de un desarrollo tan nuevo como incomprendido.

Aquí se impone el paralelismo con el debate sobre la crisis de la sociedad del trabajo. También a este respecto se subraya continuamente la novedad de las manifestaciones, en tanto que la categoría del trabajo propiamente dicha, como apriorismo tácito, permanece literalmente tabú y todas las concepciones o incluso recetas milagrosas acaban por conducir a la preservación de esta misma categoría bajo una forma cualquiera y casi a cualquier precio. La analogía de los modos de proceder remite a la conexión intrínseca entre ambos complejos: la crisis del trabajo mundial y la crisis de la política mundial representan sólo aspectos diferentes del mismo proceso social en curso a escala mundial.

Mientras se encontraba en el orden del día la guerra fría como conflicto sistémico entre dos manifestaciones o fases de desarrollo diferentes del moderno sistema productor de mercancías, ésta se superpuso a un problema más básico que de tal modo pasó inadvertido. Bajo la epidermis de la guerra fría se fue constituyendo una estructura de crisis con ramificaciones operativas a escala global, la cual, con el desmoronamiento del capitalismo de Estado, vino a la luz sin aviso previo, pero que con el trasfondo de la historia de la posguerra sólo pudo ser percibida bajo una forma ideológicamente distorsionada.

Lo que parecía ser la «victoria» del capitalismo occidental se fue revelando, a lo largo de los años noventa, como una destrucción socioeconómica irreversible, desde ya, de extensas partes de la periferia del mercado mundial. En el centro de este proceso de crisis se encuentra el derretimiento de la sustancia real (productora de valor real) del trabajo capitalista por obra de la tercera revolución industrial, la creciente «incapacidad de explotación» del capital debida a sus propios patrones tecnológicos de productividad y, con ello, la desustancialización del dinero (el desacoplamiento de los mercados financieros de la economía real). Esta lógica interior de la crisis, con todo, no repercute sólo bajo la forma de una ruptura estructural en el nivel de las relaciones mundiales de mercado (globalización del capital), sino también como ruptura estructural en el nivel del sistema político mundial (fin de la soberanía y del derecho internacional).

Desde este punto de vista, aquello que es pregonado, bajo la etiqueta de la globalización, como un cambio mundial positivo y poseedor de un gran potencial para el futuro, hace ya mucho que puede descifrarse como el proceso de disolución del modo de producción y de vida prevaleciente, el cual se bifurca en un capitalismo minoritario global en vías de rarefacción, por un lado, y sus productos de barbarización, por otro. En este contexto, la contradicción estructural inmanente a la relación de capital entre el Estado y el mercado, o entre la política y la economía, no puede ser sostenida por más tiempo, tanto en el nivel de los Estados nacionales como en el del sistema mundial. Lo que, en términos de política interna, se manifiesta como el proceso de erosión de la soberanía del Estado, se manifiesta en términos de política externa bajo la forma de la degradación de las relaciones internacionales.

En ambos niveles se va haciendo difícil la resolución de la contradicción. Aunque los Estados nacionales continúen existiendo como envoltorios formales y como aparatos (que actúan, en el ámbito de la administración de crisis, de un modo crecientemente represivo), se hallan despojados de sus bases coherentes en términos económicos. Los capitales transnacionales y los respectivos mercados, a la inversa, aunque consigan extenderse más allá del sistema de referencia nacional e internacional tradicional, destruyen por eso mismo cada vez más sus propias condiciones de encuadramiento. Así surgen nuevas e incontrolables formas de transición en las que culminan las irremediables contradicciones intrínsecas del capital mundial.

No es sólo una pereza mental generalizada lo que impide el desarrollo de una nueva conceptualidad que corresponda a los nuevos fenómenos. Es que no se trata, en lo que se refiere a los conceptos en juego –que son la economía nacional, el Estado nacional, la política nacional interna y externa o una de ahí subsecuente política nacional de intereses y de «influencia» (imperialismo)–, de expresiones de una determinada fase evolutiva transitoria sino, a semejanza del concepto de trabajo, de categorías fundamentales del propio sistema social moderno en todas sus variantes. Los nuevos fenómenos son fenómenos de crisis de un tipo inédito, toda vez que no ya no conducen a un estado evolutivo superior de la socialización burguesa, mediada a través de la producción de mercancías, sino que constituye más bien la crisis categorial específica de esta última.

Por todo ello tampoco el desarrollo puede ser ya determinado desde el punto de vista del orden mundial vigente: únicamente puede serlo desde el punto de vista de la correspondiente autodestrucción. Para ser más exactos: ya no existe ningún «desarrollo» positivo y sostenible sobre este fundamento social. Esto significa que el análisis debe tomar en consideración, juntamente con la degradación de las relaciones sociales subyacentes, también el desmoronamiento de los conceptos por los que este orden se hace representar. Y, desde esta perspectiva, no son obsoletos sólo los conceptos del sistema mundial económico, sino también los conceptos del sistema mundial político.

Los devastadores ataques terroristas contra los EE.UU. del 11 de septiembre de 2001 dejaron claro, literalmente en un abrir y cerrar de ojos, lo que ya desde mucho tiempo atrás se lograba adivinar: la interrelación social a escala mundial, no obtenida por medio de acuerdos conscientes y de la autodeterminación humana, sino a través de las ciegas leyes de la competencia y de los mercados financieros, no sólo produce nuevos tipos de crisis estructurales, sino también nuevos potenciales subjetivos de odio y destructividad en los que se manifiesta la descomposición de la «subjetividad política» burguesa. Del sueño de la razón nacen monstruos, y ocurre que la «mano invisible» de un economicismo totalitario desenfrenado hace de las suyas con tan poca compasión y piedad como la otra «mano invisible», la de una ciega rabia «postideológica» y «pospolítica», cuyo balbucear seudorreligioso comprueba de modo involuntario que cualquier legitimación racionalista de la llamada «modernización» se ha agotado definitivamente.

La ratio de la sociedad mundial, basada en la valorización infinita en cuanto movimiento espontáneo del capital monetario, es, ella misma, ese sueño de la razón. Sin embargo, tal racionalidad moderna de un fin-en-sí irracional degenerada en «pragmatismo», o sea, que ya no es capaz de una reflexión y autorreflexión crítica, no puede ni quiere ver sus límites y, así, se limita a proseguir obstinadamente con el «business as usual», procurando definir sus propios demonios como un «problema de seguridad» exterior y exógeno. La imparable disolución de la economía, se supone que puede ser detenida con medios económicos, al tiempo que se pretende frenar la igualmente imparable disolución política con medios políticos. Los amos mundiales del capital ya no comprenden su propio mundo.

Para poder llegar a comprender lo que parece incomprensible es necesario adoptar –muy al contrario de la ideología pragmática de las élites funcionales en ejercicio que hoy, en verdad, ya sólo ejecutan la pretensión totalitaria de la economía sobre el mundo– una posición muy poco en boga de distancia y crítica radical. Sólo a partir de esta posición se hace posible reconocer como tales los procesos de descomposición y de autodestrucción del sistema mundial, analizar todas estas correlaciones en la respectiva dimensión histórica y, al mismo tiempo, documentarlas como el límite de la dinámica capitalista con la que nos enfrentamos en la actualidad.

Traducción alemán-portugués: Lumir Nahodil
Traducción portugués-español: Round Desk
Original alemán, en www.krisis.org
Versión portuguesa, en http://planeta.clix.pt/obeco

Capítulo 1, publicado en Breviarium: Las metamorfosis del imperialismo

Weltordnungskrieg

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

La crisis del sistema mundial y el nuevo vacío conceptual / 11

LAS METAMORFOSIS DEL IMPERIALISMO / 15

La lucha por el dominio mundial capitalista está decidida 16 · La última potencia mundial en el límite histórico del sistema 23 · Del imperialismo nacional y territorial al «imperialismo global ideal» 26 · Del pacifismo nacional de los «hombres buenos» al belicismo de intervención global 33 · La OTAN como prolongación supranacional del «imperialista global ideal» 36

LOS FANTASMAS REALES DE LA CRISIS MUNDIAL / 45

Los mandarines de crisis y las nuevas guerras civiles 46 · La economía del saqueo global 48 · La sociedad del riesgo, las contingencias objetivas y las relaciones de violencia 54 · La lógica de la disociación y la crisis de relación entre los sexos 56 · El frío alcanza al propio Eu 59 · La economía de la autodestrucción: la globalización y la «incapacidad de explotación» del capital 63 · La metafísica de la Modernidad y la pulsión de muerte del sujeto despojado de fronteras 68

LA POLICÍA MUNDIAL POSMODERNA / 75

La nueva doctrina militar y la nueva economía de guerra 75 · El «choque de civilizaciones» como economía de guerra 81 · La ideología y la lógica de los derechos humanos 85 · De la economía política al culturalismo posmoderno 89 · El imperialismo seguritario 103 · El imperialismo del petróleo y del gas: la salvaguarda de las reservas estratégicas de materias primas 110

EL CERCANO ORIENTE Y EL SÍNDROME DEL ANTISEMITISMO / 115

La religión de combustión del capitalismo y los regímenes del petróleo 114 · El anticapitalismo y la ideología de crisis antisemita 118 · El Estado de Israel y su paradójico estatuto en el seno del capitalismo mundial 126 · El fin de los «movimientos de liberación nacional» y el fantasma de la fundación del Estado palestino 129 · Israel como «alienígena» en el seno del mundo capitalista y el neo-antisemitismo árabe 133 · Del sionismo al dominio de los ultras: la crisis interna de la sociedad israelí 136

El APARTHEID IMPERIAL / 156

Un mundo lleno de refugiados 157 · El imperialismo de la exclusión: el muro y el cinturón de la muerte a la moda liberal 160 · La ilusión de la «reconstrucción» 172 · La economía-fantasma del complejo humanitario e industrial 178 · La economía de la violencia sexual y de la miseria 180 · Del Estado tapón al zoo étnico 183

EL CONSENSO DEMOCRÁTICO / 190

Extranjeros domésticos como recursos humanos 190 · La caza del Hombre en el interior y el terror de la deportación 193 · El campo de concentración democrático 203 · Las zonas racistas 208 · La población democrática en acción 213 · EE.UU: la identidad de base racista y la guerra civil entre guetos 217 · Las identidades sintéticas y el neo-radicalismo de derecha 222 · Los útiles y los inútiles 225 · La globalización de los «decentes» 231

EL IMPERIO Y SUS TEÓRICOS / 240

El imperio y los nuevos bárbaros (Jean Christophe Rufin) 240 · Empire – El mundo en crisis y la Disneylandia de la «Multitud» (Michael Hardt / Antonio Negri) 255

EL FIN DE LA SOBERANÍA / 272

Al Qaeda: una nueva cualidad de la violencia pospolítica 273 · Dos tipos de sacrificios humanos. Sobre la teología de la indignación democrática 277 · La autodefensa nacional como imposibilidad lógica 280 · El poder totalitario de la Modernidad: el concepto de soberanía 282 · La desterritorialización político-militar 285 · Todos contra todos: la transformación anómica 287 · El derrocamiento del derecho internacional 294 · La alianza con las potencias pos-soberanas 297 · La privatización del monopolio de la violencia 301 · El desgaste moral de las instituciones y la corrupción del nomos democrático 303 · El fin de la soberanía y la ilusión jurídica 305 · El capitalismo no funciona sin soberanía 314

EL ESTADO DE EMERGENCIA GLOBAL / 320

El tribunal secreto de la democracia 320 · El fin de la forma legal moderna y la ideología de la «legitimidad» 324 · Los crímenes de guerra democráticos y la subversión democrática de la legalidad 327 · El imperialismo securitario anómico aplicado al interior 331 · McCarthy manda recuerdos: la caza de brujas democrática 333 · ¿Podrá la tortura ser pecado? 336 · La lógica del estado de emergencia 337 · Apuntes históricos sobre el estado de emergencia 340 · El estado de emergencia permanente 343 · La lucha por la supervivencia y la voluntad quebrada: el estado de emergencia como el nomos oculto de la Modernidad 345 · Las casas del horror de la gestión empresarial:el capitalismo como estado de emergencia solidificado 351 · La licuefacción del estado de emergencia como licuefacción de la soberanía 356 · La naturalización expatriadora y la ciudadanía de miseria 358 · Judíos y otros «inútiles»: la estructura de la exclusión oclusiva 360

EL RASGO ANACRÓNICO / 363

El materialismo vulgar y la irracionalidad del sistema 365 · Siempre de nuevo, la primera guerra mundial 369 · Los conductores a contramano históricos de la nueva izquierda 373 · La somnolencia epocal de la izquierda radical 376 · De la fiebre petrolífera al desvarío del alma 383 · Alemania como fantasma de una potencia mundial · Siempre de nuevo, la segunda guerra mundial 389 · El gran juego a los Hitleres 392 · Una teoría de la conspiración para indigentes intelectuales 400 · La globalización de la «ideología alemana» 404 · Después del 11 de Septiembre: el último estadio del pensamiento anacrónico 406

DE LA GUERRA DE ORDENAMIENTO MUNDIAL

¿INCLUSO LA FURIA HOMICIDA NUCLEAR? / 413

El retorno al paradigma de los «Estados canallas» 414 · La crisis de los mercados financieros y el «sueño del Oleodorado» 419 · La pulsión de muerte nuclear del poder 425 · Por un renacimiento de la crítica social radical 434

Autores citados / 440

Sobre el autor / 447

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Robert Kurz
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Robert Kurz (1943-2012) estudió filosofía, historia y pedagogía. Fue cofundador y editor de la revista teórica: EXIT-Crítica y crisis de la sociedad de la mercancía ("EXIT-Kritik und Krise der Warengesellschaft" ). El área de sus obras incluye la teoría de la crisis y la modernización, el análisis crítico del sistema del mundo capitalista, la crítica del iluminismo y la relación entre cultura y economía. Su libro El Colapso de la modernización (1991), editado en Brasil, así como O Retorno de Potemkine (1994) y El último combate (1998) provocaron una fenomenal discusión, no solo en Alemania. Recientemente publicó Schwarzbuch Kapitalismus (El Libro Negro del capitalismo) en 1999, Weltordnungskrieg (La guerra del ordenamiento del mundo), Die Antideutsche Ideologie (La ideología antialemana) en 2003 y Blutige Vernunft (La razón sangrienta) en 2004. Nota: esta cuenta de autor es controlada por la administración de Breviarium.digital y fue creada con el objeto de dar crédito por el texto y facilitar las búsquedas con su nombre.

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